¡Son tantas las tradiciones del Santo Grial! Por ahí entre los libros viejos medievales existe una estrofa lírica que dice:
"Padre, padre de mi vida,
por la del Santo Grial,
que me des vuestra licencia
para el Conde ir a buscar".
Se nos ha dicho que el gran cáliz estuvo en poder de Abraham. Se nos informa que Melkisedek, el genio de la tierra, Changam ─como también se le llama─ lo llevó del país de Semíramis a la tierra fecunda de Canaan; esto sucedió en aquella época en que nuestro regente planetario empezó algunas fundiciones, en el bendito lugar donde más tarde estuvo Jerusalem la ciudad querida de los profetas.
Antiguas tradiciones que se pierden en la noche de los siglos, afirman que Melkisedek lo utilizó litúrgicamente cuando celebró el sacrificio en que ofreció el pan y el vino de la transubstanciación en presencia de Abraham y que se lo dejó a ese patriarca.
Algunas leyendas viejísimas aseguran enfáticamente que este vaso divinal estuvo también en el arca de Noé.
No está demás asegurar que esta veneranda reliquia fué llevada a Egipto y que Moisés la poseyó.
Estaba hecha de una materia muy singular, compacta como la de una campana y francamente no tenía el aspecto de haber sido trabajada como los metales; más bien
parecía ser el producto de una especie de vegetación.
La reina de Saba sometió al rey Salomón a muchas pruebas antes de hacerle depositario de tan sublime reliquia.
El Gran Kabir Jesús el Cristo, la tuvo en su poder cuando celebró la última cena y en tal vaso bebió el vino de la santa eucaristía.
El senador romano José de Arimatea, al pie de la cruz en el Calvario, recogió en esa copa las gotas purpurinas de sangre que manaban de las heridas del Adorable.
Dicen las tradiciones que el mencionado senador, inteligente y sabio cual ninguno, supo guardar secretamente tan preciado tesoro. El precio de su sagrado celo resultó muy caro, pues al negarse aquel varón a entregar a la policía romana el vaso sacrosanto y la lanza de Longinus, fué entonces hecho preso.
Muchos años después, José de Arimatea, ya libre, portando las santas reliquias se fué a roma en busca de cristianos, mas viendo las persecuciones que allí existían,
continuó su camino por las regiones del Mediterráneo.
Dicen las escrituras antiguas, que una noche en sueños fué visitado el viejo senador por un ángel quien le dijo:
"Ese vaso tiene un poder magnético muy grande, pues en él está contenida la sangre del redentor del mundo, entiérrala allá".
"Entonces aquel anciano vio el templo de Monserrat en Cataluña, España".
José de Arimatea concluyó su terrible misión guardando en tal templo estas arcaicas reliquias.
Lo que sucedió después, los Iniciados lo saben; hoy el castillo de Monsalvat, en el cual está el templo, y parte de montaña de Monserrat entraron en estado de "jinas", se ocultaron de la vista de los profanos.
Inútilmente los caballeros cruzados buscaron en la tierra santa el Santo Grial.
Como recuerdo de esos afanes todavía conserva la copa de plata que se entrega a los campeones olímpicos.
Como consecuencia y corolario afirmamos: cuando el hombre encuentra a su compañera sexual, la sociedad ha comenzado.
Mecanicidad es diferente: nosotros los gnósticos rechazamos el automatismo inconsciente.
La mecanicidad del sexo resulta obviamente infrahumana; queremos acción consciente.
Como regla, pauta, guía a seguir, conviene saber que lo corriente y habitual es el fluir de la energía sexual desde arriba hacia abajo, desde adentro hacia afuera.
Hacer retornar la energía creadora del Tercer Logos hacia adentro y hacia arriba, significa de hecho entrar en el camino bendito de la regeneración; ésa es precisamente la buena ley del Santo Grial.
La lanza aquella con la que el centurión romano llamado Longinus, hiriera cruelmente el costado del Adorable en el Monte de las Calaveras, es ostensible que juega también gran papel en incontables tradiciones del mundo asiático, ya con el simbolismo renglones arriba expuesto, ya como instrumento esotérico de salvación y de liberación.
El venerable Amfortas, gran señor, rey del Grial, sucesor del viejo Titurel, otrora herido por el sexo, phalo o lanza, cuando cayó víctima de la seducción sexual, sólo pudo ser sanado con la misma asta que le hirió.
Por consecuencia lógica podemos deducir que aquel buen señor de tantas amarguras, hubo de trabajar intensamente en la fragua encendida de Vulcano.
Transmutar es lo mejor, y esto jamás lo ignoraron las matronas romanas que se desarrollaron y desenvolvieron bajo la tutela de la diosa Juno.
Entre el sopor profundo de la noche de los siglos, duerme aquella legendaria ciudad de los sabinos fundada en buena hora por Medio Fidio e Himella. Dicen viejas tradiciones arias que entonces esas buenas gentes conocieron muy a fondo los misterios sexuales de la lanza.
Ahora y con estas insólitas afirmaciones, podrán nuestros muy amados lectores gnósticos, comprender el motivo por el cual los héroes eran premiados con una pequeña asta o lanza de hierro.
Hastapura era el nombre de tal asta; esto nos recuerda a la ciudad sagrada de Hastinapura símbolo viviente de la Jerusalem celestial.